La inflación va a seguir siendo un problema

Para que vengan capitales, aumenten las reservas internacionales y se pueda eliminar el cepo hace falta confianza.

Por Miguel Kiguel

Economista y Doctor en Filosofía

 

La economía argentina no crece desde hace más de una década pasada y viene sufriendo crisis recurrentes en los últimos cincuenta años. La salida no será fácil, porque el país no encuentra el rumbo y, en el medio, la pobreza ha llegado a niveles intolerables, y la desesperanza se ha apoderado de los millones de argentinos que no consiguen empleos formales, de los empresarios que desilusionados empiezan a optar por otros horizontes y de muchos que se preguntan que le pasa a la Argentina que no logra encontrar su rumbo.

 

El desafío de revertir la situación es enorme y va a requerir de un nuevo consenso entre los políticos, los empresarios y los trabajadores para revertir las políticas económicas que han llevado al estancamiento. Sin duda será una discusión difícil, porque lamentablemente predominan dos visiones muy diferentes sobre que país queremos, respecto al rol del Estado en la economía, sobre el papel de sector privado como motor del empleo y el crecimiento, sobre la mejor forma que nuestro país tiene para integrarse al mundo, saber la importancia de los déficits fiscales y tantas otras cosas.

 

Pero como siempre, lo urgente se antepone a lo importante, y el problema es que Argentina está entrampada en tres círculos viciosos que es imprescindible superar lo antes posibles, al tiempo que habrá que resolver dos problemas claves que han atormentado la economía argentina por varias décadas: el déficit fiscal y los cambios en las reglas de juego.

 

El primer círculo vicioso es el de reservas, cepo y deuda externa. El Banco Central prácticamente no tiene reservas de libre disponibilidad, y no se vislumbra que esta situación se pueda revertir en los próximos años. Sin reservas los controles cambiarios son inevitables, a menos que se opte por un tipo de cambio flotante, una opción que no está en los papeles de nadie y que ha generado muy malas experiencias en la Argentina.

 

¿Cómo hacen los países para aumentar las reservas en forma importante y relativamente rápido? En la Argentina del pasado se hacía con una buena cosecha. Hoy eso parece posible, porque para llevarlas de los seis mil millones de dólares que hay hoy a un número más razonable (digamos u$s 40.000 millones) no se puede sólo con la soja o con aumentar exportaciones. La única manera va a ser con entrada de capitales. Esta vez tendrán que ser de largo plazo y habrá que evitar los capitales especulativos, y mucho deberá ir a financiar inversión del sector privado. Pero habrá que recuperar el acceso al mercado de deuda.

 

Además, como las deudas los países no las pagan si no que las refinancian, habrá que poder emitir deuda nueva para pagarle al FMI y la deuda que fue reestructurada. Un país con pocas reservas y que las defiende a capa y espada con el cepo no puede emitir deuda. Por tanto, habrá que buscar la forma de recuperar el acceso al mercado.

 

Para salir del vicio y entrar a la virtuosidad hay que recuperar la confianza, aumentar las reservas y sacar el cepo.

 

El segundo círculo vicioso que hay que desactivar es el de inflación, devaluación, suba de tarifas y aumentos de salarios. En una economía en la que ha tenido tasa de inflación de más del 20% por una década existe lo que se conoce como inercia inflacionaria, o sea que la inflación de hoy en gran parte refleja la inflación pasada. Los trabajadores buscan mantener el poder de compra y piden una recomposición salarial, lo cual es razonable; pero eso sube los costos y le da una vuelta más a los precios. Y para que el tipo de cambio no se atrase el Banco Central lo ajusta en base a la inflación pasada. Lo mismo pasa con las tarifas, con lo cual se genera una nueva ronda de precios, salarios y del tipo de cambio.

 

Mientras estemos atrapados en este círculo vicioso la inflación va a seguir siendo un problema. La solución pasa por un programa integral que ataque tanto a los llamados fundamentals (principalmente las políticas monetaria y fiscal) como a los elementos inerciales que le dan vida a la inflación.

 

El tercer círculo vicioso pasa por la trampa de inversión, empleo, crecimiento. Hace ya muchos años que la economía argentina no crece. El producto per cápita de Argentina hoy es equivalente al que teníamos en el 2006, o sea hemos retrocedido 15 años.

 

Revertir el estancamiento es sin duda el desafío más importante, porque es la clave para mejorar el nivel de vida y bajar la pobreza que ha venido aumentando a lo largo de los años. Sin crecimiento no hay creación de empleo, y en una economía en la cual las perspectivas de crecimiento son pobres y en la que no se observa un aumento del ingreso de la gente es complejo conseguir inversiones. Sin inversión no hay crecimiento de largo plazo y así quedamos atrapados en un círculo vicioso que frena la inversión y aumenta el desempleo.

 

Los tres círculos viciosos tienen algo en común. Para que vengan capitales, aumenten las reservas internacionales y se pueda eliminar el cepo hace falta confianza. Para que vuelva la estabilidad de precios, salarios y tipo de cambio hace falta que haya confianza en la política monetaria y fiscal. Para que aumente la inversión y ayude al crecimiento y la creación de empleo hace falta confianza en que se van a respetar las reglas de juego y los derechos de propiedad. Surge una pregunta obvia. ¿Cómo se genera confianza?

Lamentablemente no existen recetas mágicas, y en nuestro caso va a ser mucho más difícil porque somos expertos en cambiar las reglas, buscar atajos para resolver problemas o venir con soluciones esotéricas pensando que no tienen costos. Como primer paso habría que pensar en políticas económicas que ya hayan sido probadas con éxito en otros lados, en diseñar políticas consistentes y en evitar caer en la tentación de priorizar el corto por sobre el largo plazo, porque eso significaría pan para hoy hambre para mañana. Principios como equilibrio fiscal, respeto de los derechos de propiedad, asistencia a los más vulnerables deben ser parte de ese menú. No hay tiempo para seguir dando pasos en falso.